Lo mejor que he leído en mucho tiempo.

Guardiola ha cometido el pecado capital de invertir un ciclo donde el Madrid ponía el fútbol y su club se recostaba en las excusas de siempre. Una actuación reprobable y repudiable, que merece lapidación pública y flagelación de todo aquel que no se sume a la teoría de que el fin siempre justifica los medios. Guardiola, superficial y sibilino, programado para realizar un ataque sin precedentes contra la unidad de España, es intolerable. Es el culpable directo de un incendio sin precedentes en el Camp Nou, donde su equipo es un auténtico desastre que gana gracias a manos negras arbitrales y es el origen de una serie de conspiraciones de despacho que conceden a Messi la facultad de marcar goles infinitos y regalos para la vista. Guardiola ha caído en la soberbia de perder un solo partido en toda la Liga, eliminando al Real Madrid de la Copa y estando clasificado para la Champions, habiendo perpetrado con anterioridad el crimen de ganar trece títulos de dieciséis posibles, con el agravante de hacer de La Masia una hoja de ruta, de los valores un alfiler prendido en su solapa y del buen gusto por la pelota una seña de identidad. No se puede tolerar ni un minuto más.
Guardiola ha incurrido en una falta de respeto mayúscula al enviar un mensaje bidireccional, interno y externo, donde Alves, Xavi o Sandro Rosell debieron tomar buena nota, como gran parte de la prensa catalana. Un mensaje donde el de Santpedor ha tenido el rostro de alertar a sus jugadores y presidente de que mentar a los árbitros no es el camino, invitando a la prensa, favorable y contraria, a escuchar un mensaje inequívoco: que la siembra de la sospecha está haciendo un daño terrible a la credibilidad del fútbol. Caray con Guardiola. Alguien debería explicarle que siempre hay un parking donde esperar a los colegiados. Ha cometido la herejía de preguntarse en voz alta de qué vale aferrarse al discurso del 'y tu más', de cuestionar que no merece la pena entrar al trapo de altavoces mediáticos que hacen negocio del fuego cruzado, de la riña y del titular fácil, porque esa batalla siempre estará perdida. Como si el fútbol no se jugase en las portadas de los periódicos y en las tertulias de las televisiones, en vez de con el corazón y con los pies.
Guardiola revienta los polígrafos. Es un hipócrita que no dice las verdades. Ya no se lo cree nadie cuando defiende a sus jugadores, cuando saca la cara por ellos apartando el cáliz del aburguesamiento, tanto a siete puntos de un Real Madrid matrícula de honor como después de haberle sometido, sin paliativos, en tantos encuentros como complejos tenía su equipo antes de su llegada. Guardiola no es ejemplo de nada.No tiene credibilidad cuando pierde y da la mano, cuando regatea al narcisismo, cuando quiebra al estrés y la fatiga, ni cuando recurre al filial porque prefiere fabricar Balones de Oro antes que comprarlos,. Ni cuando se decide a gobernar un barco que, históricamente, navegaba a la deriva, siempre pendiente del portaaviones blanco, para agarrar el timón sin revolcarse en el barro y salir a las ruedas de prensa con los tacos por delante.
Guardiola, falso humilde, miccionador de colonia a discreción y separatista alopécico con ínfulas de intelectual, tiene la cara dura de atemperar los deslices y faltas de sus jugadores, en vez de presionarles, culparles y señalarles en público cada vez que su plan no se ejecuta al milímetro, para poder arrogarse la paternidad de la victoria. Guardiola es un Gandhi de Las Ramblas, cuya homilía cae en la sospechosa manía de reconocer sus errores tácticos y airear malas decisiones del banquillo, cometiendo la felonía de apostar por su vestuario, en vez de jalear debates sobre chivatos y topos, filtrando y publicitando espantadas cuando la atmósfera no acompaña. Es un zen de todo a cien.
Guardiola, enemigo público número uno de la verdad y que no tiene portacoz mediático con vocación de pirómano, debe ser erradicarlo con urgencia del fútbol patrio, porque no se refugia en el asunto arbitral, porque tiene palabras amables hacia a sus rivales, porque habla bien del prójimo, porque reconoce que el Madrid está siendo el mejor y porque, como todo el mundo sabe, el mejor ejemplo de los valores del deporte no pasa por el momento en que Nadal y Djokovic se estrechan la mano después de un partido épico. Eso no vende periódicos y no hace germinar las semillas del odio que, con tanto mimo, cultivan los que escriben con pasamontañas, lucen sus bufandas en televisión y se comportan como hooligans promocionando un fin de ciclo que ve el ojo en el dedo, pero no la viga en el propio.
Guardiola tiene que ser expatriado antes de que concluya el campeonato, porque tiene la desfachatez de pedir perdón si su equipo se ha excedido celebrando victorias, tiene la mala costumbre de obligar a su equipo a quedarse en el campo para felicitar al rival que les ha ganado, tiene el vicio insano de defender trayectorias intachables y modélicas, de comprender los errores arbitrales para decir que él yerra más que nadie, de ser fiel a sus jugadores y de tener la gallardía de, ante la crítica y el palo, reconocer que han hecho cosas mal. Es intolerable. Guardiola dimisión.
Rubén Uría / Eurosport

Comentarios

  1. Se puede decir más alto, pero más claro no...¡¡Guardiola al paredón!!

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  2. Siento vergüenza de este país de hipócritas, envidiosos y canallas que en vez de reconocer y defender la excelencia futbolistica de este Barça, se empeñan en hundirlo, despretigiarlo y derrotarlo a cualquier precio. Lo de ayer en Valencia con la mano de Pinto ya es de bochorno internacional. En la cuatro han estado 20 minutos (por lo menos) repitiendo la jugada hasta la saciedad, es de juzgado de guardia (bueno, no, que estos tampoco andas muy finos de justicia...)

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    1. En la cuatro, en la una, en la dos, en la tres y en todas. Es increible, yo que Guardiola hubiera quitado a Pinto y a otro lo hubiera sacado sin sustitución. Y estoy seguro de que no hubiera perdido. Lo que tu dices, ya es que dá asco....

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  3. Es insultante, ya todo se basa en esa jugada, el favor arbitral, el villarato... cuando de esas hay todos los fines de semana y nadie acusa al club beneficiado (sobretodo si es "pequeño"). Yo también estoy seguro de que hubieran logrado empatar o ganar con 10. Te digo más, y como tú dices, yo de Guardiola en la vuelta sólo alineaba a 10 jugadores... y les ganaban por goleada... ya veríamos...

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