miércoles, 29 de junio de 2016

martes, 21 de junio de 2016

Mentiras y más mentiras

Esto es lo único con calidad
Quería escribir este post antes de que se celebre el partido de esta noche de España contra Croacia. 

Pero antes de hablar de España y la que tienen liada los medios de comunicación de este bendito país, voy a hacer alusión a lo que me parece a mi que sucede con el fútbol de hoy.

He visto varios partidos de esta Eurocopa, mejor dicho varios bodrios de esta Copa. 

Los futbolistas son cada dia que pasa más mentirosos, bueno, hasta los ingleses que estaban hasta hace poco libres del antideportivismo en el césped, se han reconvertido. 

Fingen como TODOS, protestan cosas increíbles cuando saben que la cámara lenta nos quita de todos los problemas habidos y por haber y hasta se creen las mentiras que sacan a relucir en cada partido.

 Por lo que esto se ha convertido en un cachondeo que nos provoca carcajadas continuas cuando la repetición nos demuestra una y otra vez que tanto las caídas como las protestas son más falsas que una moneda de cuatro euros.

Si a esto unimos la falta de calidad y el estado deplorable del césped de los estadios nos encontramos con un bodrio intragable.

Y vamos con los nuestros. Siguen jugando igual de mal que hace ya un tiempo, pero como en este país el ganar es lo que cuenta pues eso, que estamos encantados.

No jugamos un pimiento, pero ganamos, y eso para los medios de comunicación patrios se convierte en un estado impresionante de forma, y de euforia comentarista total.

Estoy completamente seguro de que España no va a ganar esta Eurocopa a no ser que surja un milagro en forma de chorra, que por otro lado estamos acostumbrados a ver de vez en cuando en otros eventos europeos, cuando ganan equipos que no han hecho ni siquiera méritos para llegar a la final, en fin, discrepo de los medios (Manolos, Antena 3, Telecinco y demás bodrios estatales) y no creo que España tenga en estos momentos una de las mejores selecciones de Europa, solo estoy de acuerdo con estos mangantes en una cosa, Iniesta es el mejor porque sigue haciendo lo que lleva haciendo con el Barcelona todo el año, que ahora lo vean no es más que una muestra de que aquí solo si vas con lo que les gusta a ellos podrás ser alabado de alguna manera.

Y esperemos que esté así hasta el final, porque en otro caso, ya ni con suerte seriamos capaces de vencer.

De todas maneras, yo puedo estar equivocado y a lo peor estos periolistos saben más de lo que yo creo. 

Anda ya, eso es imposible.

viernes, 20 de mayo de 2016

En fin...



Salgo de casa. Son las 5 de la tarde y voy a llevar a mi nieto Guille a un cumpleaños de un compañero del cole.

Deberes de abuelo.....

Nos vamos andando a la Alcazaba, ya que se ha puesto de moda en cuanto llega el buen tiempo celebrarlos al aire libre.

Bonito sitio, bueno ahora no. Me explico.

Con motivo de la celebración (dentro de poco) de la fiesta que se creó como consecuencia de unas declaraciones de nuestro antiguo alcalde, la llamada fiesta de los palomos cojos, que nos está haciendo a Badajoz famosos en el mundo entero... bueno, pues por esto se ha vallado todo con alambres y espinos, se han puesto hierros, mostradores y cosas de estas a montones, en fin , que aquello en lugar de una pradera de hierba parece la feria de San Juan.

El sitio es precioso y con vistas de Badajoz únicas. Yo no voy mucho por allí, más que nada porque me muevo menos que una lombriz.

Un pinar precioso, con arboles muy grandes y sus sombras correspondientes.

Pues allí que nos fuimos.

Mientras duraba la fiesta, que duró cuatro horitas de sesenta minutos cada una,  allí estuvo el abuelo que se divertía mirando y observando todo cuanto sucedía a su alrededor.

Ahora me siento en este banco, ahora un paseito, ahora me vuelvo a sentar, en fin, lo normal para que pase el rato.

Empiezan a llegar jovencitos con sus hielos, sus baños de plástico, para meter esos hielos con sus latitas de productos refrescantes de todo tipo, hacia calor y me hubiera tomado una con mucho gusto. 

Pero no me invitaron.

Más gente, con perritos de todo tipo, grandes, pequeños y de todos los colores.

Vienen a mear y cagar. Principalmente.

Con absoluta normalidad siguen llegando más chavales. Se sientan en la hierba, se dan sus magreos sin pudor (no tengo nada en contra), y con sus botellitas y chucherias pasan la tarde agradablemente.

Lo que no saben es que en el sitio en el que retozan con gusto, acaba de mear el perro gordo y grande de un chaval, que entre las muchas zonas por las que va limitando su territorio con sus meadas le ha tocado esa.

Y en el árbol en el que se apoya otro para leer un libro, ha dado la vuelta al mismo con la pata levantada y regándolo abundantemente.

Da gusto ver ese amor por los animales, es que es tan abrumador que ni huelen sus heces y orinas, es más, se sientan encima de ellas como si fuera un gustazo hacerlo.

De repente hay casi más perros que personas. Que bonitos, que graciosos, como corren entre nosotros con la felicidad de ver como sus dueños disfrutan de su libertad absoluta.

No me extraña que haya tanto césped. Está muy bien abonado. De mierda. 

Y la gente tan feliz. 

Y yo meándome y no hay ni un servicio público en todo el prado. 

¿Y si meo detrás de un árbol?. No, que seguro que me echan una bronca.

A todo esto, el sábado, es decir mañana, aquí al lado de mi casa, también habrá meadas de todo tipo, no de perros, de chicos/as de la fiesta de los palomos cojos o fiesta gay de las mejores del mundo mundial.

Es que no os imagináis como es, es una muestra de la libertad que hay en este país y que no saben valorar por ahí fuera. No dejéis de venir a traer perras, merece la pena sentir en vuestras carnes unas jornadas de amor, comprensión y progresismo a tope. Sin distinción de sexo alguno. Una maravilla.  

Placer inmenso el salir a dar un paseo, y ver todo tipo de  aparatos excretores apuntándote directamente y regando de orina tu calle.

Un poquito de olor raro, pero soportable, teniendo en cuenta que nos convierten en dos días en el centro mundial de la libertad sexual y de la otra.

viernes, 6 de mayo de 2016

¡Viva España!



A los españoles solo hace falta que nos den por culo. Pero nada de metafísica. Física y repetidamente.

Los señores elegidos por el pueblo que se sientan en los sillones políticos se han dado cuenta de que somos gilipollas. Bueno, ya lo sabían, lo que pasa es que cada día que transcurre se van dando más cuenta de que nuestro nivel de gilipollez va in crescendo, y claro, mejor para ellos.

Yo, cuando veía a un concejal de mi pueblo que en el instituto no aprobaba ni el recreo me decía para mis adentros, "mira el ceporro este que no sabia hacer la o con un canuto".

Si, si ceporro. El ceporro se está cachondeando de los listos como yo desde hace un montón de años.  

Sin problemas a fin de mes y con todo tipo de prebendas para cuando deje de darnos por culo a los conciudadanos y queridos vecinos antes de las elecciones.

Y así, a nivel nacional. 

La jauría que se ha montado en esta nuestra particular democracia es de ordago a la grande.

Ya tenemos diputados y diputadas (como se dice ahora) de todo tipo. Pero todos con una cosa en común. Son listillos y corporativistas hasta la muerte.

Se juntan para que las arcas del Estado vayan mayoritariamente a sus bolsillos, se juntan para muchísimas cosas, menos para trabajar y tratar de hacer un país minimamente decente.

No saben ni ponerse de acuerdo para gobernar, porque saben que mientras más tiempo estén así, más tiempo chupan de la sopa boba.

Ahora, con las nuevas elecciones, vamos a gastar nuevamente un montón de millones de euros, que en este caso serian fácilmente ahorrables o utilizables para fines mejores, si existiera en esta canalla un mínimo de moralidad.

Pero no, no tendrán ese detalle. Eso si, 8000 euros para sus señorías mientras los eligen otra vez.

Y venga, que sus amiguitos empiecen a imprimir sobres y papelillos para que sus nombres luzcan una vez más, total ya van.... y que son 170 millones de gastos en estos días, nada, comparado con lo que queda por trincar.

Eso si, en estas los va a votar su puta madre....




lunes, 4 de abril de 2016

Ni vergüenza nos da




Me avergüenza ser parte de esta mierda de sociedad que permite esto sin rubor alguno.

No puedo decir nada más...

Bueno, en realidad, esto, escrito por mi hermano José Manuel, lo describe ......

Ese longevo espacio de fuego
que habitas
Esa porción de tierra
agrietada
en donde desfalleces
Esa lluvia terca
que busca tu piel
y tus huesos
La noche sin cobijo
la oscura persecución de la muerte
Rendida está la vida
que te prometieron

Si regresas
no habrá quien redima
del fuego y de los profundos abismos
esta metralla
que alcanza tu corazón
y lo deporta
del mundo...

Jose, te lo he robado impunemente, sin pedir permiso ni ná.

viernes, 25 de marzo de 2016

Ya sólo me queda uno

Recuerdo mi habitación con el póster gigante de mi ídolo. De Johan Cruyff.

A la vez escuchando música con mi otro ídolo, el maestro de la poesía y de las letras imposibles.

Ayer, por sorpresa, me enteré de la muerte del futbolista que más me marcó en mi juventud, porque yo hubiera querido parecerme solo un poco a él.

Su debut con el Barcelona contra el Granada, aún lo tengo grabado en la memoria y ya han pasado unos cuantos años.

Era  el que conducía el balón como a mi me gustaría hacerlo, el que lo pasaba y el que sacaba un destello diferente cada vez que surgía esa magia que llevaba en las botas.

Era como el decía (comparando a Messi y Ronaldo) el futbolista total, no un buen goleador que eso es otra cosa, era el que solo con su presencia en el campo daba alas a sus compañeros, y a todos los hacia mejores de lo que eran en realidad.

Era, es y será Johan Cruyff, mi ídolo, mi espejo como futbolista, el futbol en persona.

Descansa en paz, flaco.

lunes, 21 de marzo de 2016

El charnego

Esto es lo que hay. Perez Reverte escribe sobre lo que pasa en este país y me solidarizo con todo lo que dice en este comentario. Quien no lo quiera ver que no lo vea. Y sí, es cierto, quienes lo llaman charnego no somos los españoles, son los catalanes de pura raza.... 

"Durante uno de los últimos debates de investidura brilló con luz propia una nueva estrella parlamentaria: el diputado Gabriel Rufián, de Esquerra Republicana de Cataluña. Nieto de un albañil de Granada y de un taxista de Jaén, el joven independentista, nacido en Santa Coloma de Gramanet, milita en un catalanismo radical del que se nutrió toda su intervención en la tribuna: un discurso a medio camino entre la retórica de Paulo Coelho y el humor de Tip y Coll; con el detalle terrible de que allí, en el Parlamento, el joven diputado catalán estaba hablando en serio. O lo pretendía. Para definir el estilo y al individuo, nada más exacto que el comentario publicado en La Vanguardia por el periodista Sergi Pàmies: «Una cursilería low cost con toques de confucianismo de bazar que, si el espectador supera los primeros momentos de vergüenza ajena, puede degenerar en ternura».
«Soy lo que ustedes llaman charnego», empezó diciendo Rufián, y siguió por ahí. Sentado ante el televisor, asistí fascinado a su intervención. A menudo el joven diputado aludía a cosas de contenido social con las que estoy completamente de acuerdo. Pero lo embarullaba su discurso sesgado, zafio, pobre de sintaxis, hasta el punto de que llegué a preguntarme si se había preparado antes de subir a la tribuna con algún reconfortante volátil o espirituoso. Pero al poco comprobé que nada de eso. Negativo. Aquél era el estilo propio, el tono auténtico. El individuo.
Me quedé de pasta de boniato. Y acto seguido, lo dije en Twitter: «La España que sentó en el parlamento a Gabriel Rufián merece irse al carajo». No me refería a la España catalana votante de ERC, sino a la España en general, en la que me incluyo. «La España de Aznar, de Zapatero, de Rajoy», precisé. Pero como de costumbre, la habitual falta de comprensión lectora hispana motivó una racha de comentarios irritados -«Pérez-Reverte manda al carajo a Cataluña» y cosas por el estilo-, entre ellos uno del propio Rufián: «No se preocupe, que ya nos vamos». Zanjé por mi parte el asunto con un último comentario: «A usted no le llaman charnego en España, sino en Cataluña. Y ése es el problema, creo. Su necesidad de que no se lo llamen».
Y sí. Lo sigo creyendo y lo creo cada vez más. En la biografía de Gabriel Rufián, semejante a la de otros jóvenes independentistas, hay una línea clave: cuando él mismo afirma que descubrió la lengua y la cultura catalanas «cuando mis padres me matricularon en un instituto de Badalona». Es decir, cuando se vio inmerso en un sistema educativo que, desde hace mucho, tiene por objeto cercenar cualquier vínculo, cualquier memoria, cualquier relación afectiva o cultural con el resto de España. Un sistema perverso, posible gracias al disparatado desconcierto que la educación pública es en España, con diecisiete maneras de ser educado y/o adoctrinado, según donde uno caiga. Donde las autoridades locales se pasan por la bisectriz leyes y razones, y donde su egoísmo cateto, provinciano e insolidario, aplasta cualquier posibilidad de empresa común, de memoria colectiva y de espíritu solidario.
Y no sólo eso. Porque en el caso Rufián, y de tantos como él, se da otra circunstancia aún peor: el abandono de la gente, de los ciudadanos decentes, en manos de la gentuza política local. A cambio de gobernar de cuatro en cuatro años, los sucesivos gobiernos de la democracia han ido dando vitaminas a los canallas y dejando indefensos a los ciudadanos. Y ese desamparo, ese incumplimiento de las leyes, esa cobardía del Estado ante la ambición, primero, y la chulería, después, de los oportunistas periféricos, dejó al ciudadano atado de pies y manos, acosado por el entorno radical, imposibilitado de defenderse, pues ni siquiera las sentencias judiciales sirven para una puñetera mierda. Así que la reacción natural es lógica: mimetizarse con el paisaje, evitar que a sus hijos los señalen con el dedo. Tú más catalán, más vasco, más gallego, más valenciano, más andaluz que nadie, hijo mío. No te compliques la vida y hazte de ellos. Así, gracias al pasteleo de Aznar, la estupidez de Zapatero, la arrogancia de Rajoy, generaciones de Rufiancitos han ido creciendo, primero en el miedo al entorno y luego como parte de él. Y van a más, acicateados por la injusticia, la corrupción y la infamia que ven alrededor.
No les quepa duda: en un par de generaciones, o antes, esos jóvenes votarán independencia con más entusiasmo, incluso, que los catalanes o vascos de vieja pata negra. A estas alturas del disparate nacional no queda sino negociar y salvar los muebles, como mucho. Porque yo también me iría, si fuera ellos. Por eso digo que la imbécil y cobarde España que hizo posibles a jóvenes como Gabriel Rufián, merece de sobra irse al carajo. Y ahí nos vamos, todos, oigan. Al carajo. "